La M.O.D.A ofrece un concierto en acústico en la Fnac de Callao

Una multitud de jóvenes avanzaba en procesión por la calle Callao. Su paso era lento debido a la cantidad de gente que iba en la misma dirección. Cada vez podían recorrer menos distancia e iban teniendo menos espacio. El fin de esta procesión que no era procesión tuvo lugar en una iglesia que no era iglesia, la Fnac de Callao. Allí todos esperaban para asistir a la presentación del nuevo disco de la Maravillosa Orquesta del Alcohol o la “M.O.D.A”, como sus fans suelen referirse al grupo.

Julia que tiene 16 años, aunque parecen muchos menos, esperaba de las primeras en la fila para ver a sus ídolos. “Llevamos haciendo cola desde la una porque queremos asegurarnos de poder entrar” dijo sonriente. Ella y sus amigos lucían una camiseta negra con un esqueleto en el centro que es el logotipo del grupo. Además, agarraban con fuerza entre sus manos el último disco de la banda como si fuese oro en paño.

Las escenas de jóvenes vestidos con el esqueleto de la M.O.D.A y disco en mano se repetían a lo largo de toda la calle. Cada vez eran más. Se fue acercando la hora de la comida y poco a poco se sentaban en el suelo para llenar el estómago y reponer fuerzas ante las largas horas de cola que aún les quedaban por delante. Algunos trajeron tuppers de sus casas, otros aguantaban con una bebida energética y otros compraban hamburguesas en un Mc Donald´s cercano.

Entre el cada vez más notable cansancio y las conversaciones en la cola, las horas se fueron sucediendo hasta que llegaron las siete. Pasados cinco minutos un hombre vestido con traje negro abrió la puerta del edificio y comenzó a apartar las vallas que separaban la cola de la entrada a la sala donde estaba la banda. Empezó a producirse un murmullo general y el nerviosismo se apoderó de los asistentes. Muchos agarraban a sus amigos, se mordían las uñas, saltaban de pura inquietud…

Muy pocos consiguieron acceder al recinto en comparación con los que esperaban. Julia y sus amigos a pesar de que llevaban muchas horas ante la puerta entraron, como se suele decir, por los pelos.

La tristeza se apoderó entonces de la calle Callao. Los que se quedaron fuera mostraban su cara más larga. Entre la pena y el desconcierto se vio incluso alguna lágrima.

Los afortunados que pasaron, no más de 100, subieron unas pequeñas escaleras que conducían a la parte superior del edificio donde se encontraba la sala de conferencias de la Fnac. Era una sala con unas paredes pintadas de un naranja intenso y con varias sillas frente a un escenario con instrumentos que yacían allí de momento sin dueño. Pero, sus propietarios no tardaron en aparecer. Julia dijo agitando las manos en señal de sorpresa “¡No me puedo creer aún que esté aquí delante de ellos, no puede ser real!”. En esa misma duda sobre si realmente estaban despiertos o era un sueño se encontraba el resto de asistentes que vitoreaban, gritaban y comentaban entre ellos lo emocionante de aquel momento.

Todos los fans de la M.O.D.A siempre describían a la banda como “diferente”. Cualquiera que hubiese estado allí ese día hubiera podido comprobar el por qué. No eran un grupo de pop como los habituales que se ven en las listas de éxitos. Llamaban la atención sus instrumentos. Usaron un banyo, un clarinete, un acordeón y un saxofón. Esto les proporcionaba un sonido completamente diferente al de cualquier otra banda.

El solista, David Ruiz, dio la bienvenida a todos y anunció “Vamos a bajar a hacer una canción a la calle para la gente que se ha quedado fuera”. Abandonaron la sala entre aplausos e impactando a la gente por el cariño e implicación con sus fans. Martín, un chico alto y moreno de veinte años que estaba en las últimas filas de la sala apuntó “Esto es lo que les hace grandes, los detalles y el gran corazón que tienen”.

La multitud que esperaba todavía en Callao para ver si podían ver a sus ídolos en un instante fugaz a la salida quedó gratamente sorprendida. Fueron recibidos una vez más con una gran ovación. Todos repetían de forma incansable como si de un mantra se tratase “¡La M.O.D.A!, ¡La M. O.D.A! De nuevo hubo algunas lágrimas, aunque esta vez por la felicidad del momento. La banda interpretó el tema “Mil demonios” y el público callejero se implicó tanto que las voces de la banda y de los fans se fundieron en una sola.

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Según acabó la canción, se despidieron de su fiel público que tan atentamente les había esperado durante toda la tarde. Mandaron besos y abrazos para todos y volvieron dentro de la Fnac para ofrecer un concierto en acústico a los afortunados que habían podido entrar.

Al volver a la imponente sala naranja de la Fnac anunciaron que comenzarían interpretando la primera canción de su nuevo disco. Así, comenzó a sonar de nuevo “Mil demonios” y la voz raspada de David Ruiz junto con el banyo, el clarinete, el acordeón y el saxofón inundó la sala.

Transcurrió una hora entre canción y canción hasta que llegaron a la última, el gran éxito del disco, “Héroes del sábado”. Nada más escucharse los primeros acordes los fans se pusieron de pie y empezaron a dar palmas. Todos sacaron sus móviles y empezaron a grabar y a mover los brazos al compás. La sala se convirtió en un mar de luces de pantallas que recordaban a los mecheros que antaño se veían en los grandes conciertos al aire libre.

Tras el concierto dedicaron otra hora a atender a sus seguidores. De nuevo Julia y sus amigos estuvieron allí de los primeros con los discos que tan amorosamente antes guardaban para llevarse de recuerdo la firma de sus artistas favoritos. La banda firmó discos además de hacerse fotos y dedicar un breve tiempo a cada uno de los fans que se lo pidieron.

A las 9 de la noche, la M. O.D.A se despidió y cogió carretera y manta hasta Málaga que sería su próximo destino. La procesión que a mediodía había recorrido Callao ahora hacía el camino inverso para regresar a casa. Terminaba una jornada de música, emoción y sobre todo de sorpresa para aquellos que se quedaron fuera y no esperaban ver al grupo. Esa noche las redes sociales vibraron con los numerosos textos, fotos y vídeos de los fans que habían asistido a la Fnac y que solo tenían elogios para el grupo. No cabía duda, la Maravillosa Orquesta del Alcohol era la banda de moda.

 

Paz Guadamillas Sánchez.

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